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Patsy Brand es una corista en el salón de música Pleasure Garden. Conoce a Jill Cheyne, que está de capa caída, y le consigue un trabajo como bailarina. Jill conoce al aventurero Hugh Fielding y se comprometen, pero cuando Hugh viaja fuera del país, ella comienza a jugar. Lo que empieza como una historia de amor y éxito pronto se complica con viajes a las colonias, traiciones y un descenso a los celos y la locura. Es fascinante observar cómo Hitchcock, con apenas 25 años, ya dominaba el lenguaje visual para transmitir tensión sin decir una sola palabra. Lo que más me gusta de esta peli es que, aunque se nota que es su primer trabajo, ya hay escenas que te dejan ver al Hitchcock del futuro. Por ejemplo, el uso de las escaleras o esa forma tan suya de mirar a través de la cámara para incomodar al espectador. El reparto está genial, especialmente Virginia Valli, que le da una humanidad tremenda a Patsy. Es verdad que el ritmo es pausado (es 1925, ¡no lo olvidéis!), pero la atmósfera que consigue crear en la parte final es oro puro. Es una película imprescindible para entender de dónde viene uno de los directores más grandes de todos los tiempos.