En un pequeño pueblo de la Inglaterra de 1959, una mujer decide, en contra de la educada pero implacable oposición vecinal, abrir la primera librería que haya habido nunca en esa zona.
La librería de Isabel Coixet es una de esas pelis que te dejan un regusto agridulce, pero que son pura poesía visual. Está basada en la novela de Penelope Fitzgerald y tiene un reparto de lujo con Emily Mortimer, Bill Nighy y una Patricia Clarkson que hace de «villana» elegante de forma espectacular. Creo que ganó el Goya a mejor película de su año, 2017.
La historia nos lleva a un pueblito costero de Inglaterra en los años 50. Florence, una viuda con mucha valentía y amor por los libros, decide abrir una librería en una casa antigua que lleva años abandonada. El problema es que la mujer más influyente del pueblo, Violet Gamart, quería ese edificio para montar un centro de artes y empieza a hacerle la vida imposible de forma sibilina. Florence solo cuenta con el apoyo del señor Brundish, un hombre solitario que vive recluido y que acaba siendo su único aliado real.
El desenlace es bastante triste porque, a pesar de la lucha de Florence, el poder y la envidia ganan la partida. Violet Gamart consigue que se apruebe una ley local que permite al ayuntamiento expropiar edificios antiguos con fines culturales, lo que deja a Florence en la calle y sin su negocio.
Lo más emotivo es que el señor Brundish, después de enfrentarse cara a cara con Violet para defender a Florence, muere de un ataque al corazón por el esfuerzo y la tensión. Sin su apoyo y sin local, Florence se ve obligada a abandonar el pueblo en barco. Mientras se aleja, ve cómo Christine, la niña que la ayudaba en la tienda y que al principio decía que no le gustaba leer, quema la vieja casa salvando solo el libro que le aconsejó leer Florence. Es un gesto de rebeldía y lealtad; si Florence no puede tener su librería, el pueblo tampoco tendrá su centro de artes en ese edificio.
Al final descubrimos que la narradora de la película es precisamente Christine de adulta, quien revela que gracias a Florence acabó abriendo su propia librería. Es un final duro porque Florence pierde su batalla personal, pero precioso porque demuestra que su pasión dejó una semilla imborrable en la niña. De adulta y en su librería dice «Al final Florence tenía razón, nadie se siente solo en una librería».
La librería de Isabel Coixet es una de esas pelis que te dejan un regusto agridulce, pero que son pura poesía visual. Está basada en la novela de Penelope Fitzgerald y tiene un reparto de lujo con Emily Mortimer, Bill Nighy y una Patricia Clarkson que hace de «villana» elegante de forma espectacular. Creo que ganó el Goya a mejor película de su año, 2017.
La historia nos lleva a un pueblito costero de Inglaterra en los años 50. Florence, una viuda con mucha valentía y amor por los libros, decide abrir una librería en una casa antigua que lleva años abandonada. El problema es que la mujer más influyente del pueblo, Violet Gamart, quería ese edificio para montar un centro de artes y empieza a hacerle la vida imposible de forma sibilina. Florence solo cuenta con el apoyo del señor Brundish, un hombre solitario que vive recluido y que acaba siendo su único aliado real.
El desenlace es bastante triste porque, a pesar de la lucha de Florence, el poder y la envidia ganan la partida. Violet Gamart consigue que se apruebe una ley local que permite al ayuntamiento expropiar edificios antiguos con fines culturales, lo que deja a Florence en la calle y sin su negocio.
Lo más emotivo es que el señor Brundish, después de enfrentarse cara a cara con Violet para defender a Florence, muere de un ataque al corazón por el esfuerzo y la tensión. Sin su apoyo y sin local, Florence se ve obligada a abandonar el pueblo en barco. Mientras se aleja, ve cómo Christine, la niña que la ayudaba en la tienda y que al principio decía que no le gustaba leer, quema la vieja casa salvando solo el libro que le aconsejó leer Florence. Es un gesto de rebeldía y lealtad; si Florence no puede tener su librería, el pueblo tampoco tendrá su centro de artes en ese edificio.
Al final descubrimos que la narradora de la película es precisamente Christine de adulta, quien revela que gracias a Florence acabó abriendo su propia librería. Es un final duro porque Florence pierde su batalla personal, pero precioso porque demuestra que su pasión dejó una semilla imborrable en la niña. De adulta y en su librería dice «Al final Florence tenía razón, nadie se siente solo en una librería».
FIN