La dama de oro

La justicia no tiene precio.
Póster de la película La dama de oro

Basada en una historia real. Maria Altmann (Helen Mirren), una mujer judía que huyó de Viena durante la II Guerra Mundial (1939-1945), regresa sesenta años para reclamar las propiedades que los nazis confiscaron a su familia, entre las que se encuentra el célebre ‘Retrato de Adele Bloch-Bauer I’, de Gustav Klimt . El joven abogado Randy Schoenberg (Ryan Reynolds) le ayudará en esta lucha ante el gobierno austriaco y la Corte Suprema de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, Maria deberá enfrentarse a las terribles verdades de su pasado.

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Así acabó La dama de oro

Se dan cuenta que en EEUU alargarán el juicio para intentar que Maria Altmann (Helen Mirren) no viva para contarlo. Su única opción es mediar con ellos pero el gobierno austriaco a la condición de María de que reconozcan que fue obtenido ilegalmente y la compensen económicamente.

Desesperado el abogado Randy Schoenberg (Ryan Reynolds) le dice que lo más rápido aunque muy arriesgado es un arbitraje en Austria, ella se niega y le dice que vaya solo. Cuando está haciendo la exposición oral en el arbitraje llega María.

Ganan el arbitraje, el representante del gobierno intenta negociar un precio por el cuadro pero María lo rechaza, le cuenta a Ryan que cederá la obra a Ronald Lauder con la condición de que siempre esté en una exposición pública.

La última escena es María entrando en su antigua casa de Viena con flashbacks de su familia. La última habitación es la sala del cuadro donde se reencuentra con su tía Adele.

La película cierra con datos y fotografías de los personajes reales, María efectivamente vendió el cuadro que actualmente está en una galería de Nueva York por 135 millones de dólares, donó todo el dinero a sus familiares y vivió en la misma casa trabajando en su tienda hasta que murió en 2011 a los 94 años.

Ryan con el dinero pagó el nuevo edificio del Museo del Holocausto de Los Ángeles y abrió su propia firma de abogados especializada en la restitución de obras de arte, se calculan unas 100.000 piezas robadas por las nazis que nunca volvieron a sus verdaderos dueños.